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Herodoto

Heródoto (erróneamente transcrito por algunos como Herodoto) de Halicarnaso (en griego Ἡρόδοτος Ἁλικαρνᾱσσεύς), (484 adC-425 adC) historiador y geógrafo griego.


Biografía

Nació en Asia Menor, en Halicarnaso (actual Bodrum, en Turquía) en 484 adC, en vísperas de la campaña de Jerjes contra Grecia, y murió en Atenas en el 425 adC.

Su padre, Lixes, era de origen cario, al igual que el tirano de su ciudad, Ligdamis, que estaba al servicio del rey persa; el futuro historiador se rebeló contra el tirano, lo que costó la vida a su tío, el poeta Paniasis, y se exilió en la isla de Samos durante diez años. Regresó poco antes del año 454 para ayudar en la caída del tirano, que ocurrió entonces. Entre esta fecha y el año 444-445, en que se fundó la colonia panhelénica de Turios, en el lugar que antaño ocupara, en la Magna Grecia, Síbaris, de la cual recibió la ciudadanía, aprovechó para recorrer gran parte del Mediterráneo Oriental: la Hélade, Babilonia, Cólquida, Siria, Macedonia, Libia, Cirene y Egipto, aprovechando la distensión producida en las guerras grecopersas, e impulsado sin duda por el afán de atesorar conocimientos, que es la causa con la que justifica en sus obras los viajes de Solón y Anacarsis. En Egipto viajó durante cuatro meses por el antiguo imperio faraónico, desde la desembocadura del Nilo hasta Assuan, intentando descifrar los jeroglíficos sin conseguirlo.

Entre el 447 adC y el 443 adC estuvo en Atenas en varias ocasiones, conociendo a Pericles y Sófocles, e informándoles sobre la organización política de los pueblos bárbaros. La tradición tardía de Esteban de Bizancio y la Suda suponen que muríó en Turios, aunque otros afirman que lo hizo en Atenas.


Obra

Se le considera el padre de la historiografía (la primera vez que se le cita de esta forma es por Cicerón en su De legibus) por su famosa obra Ἱστορίαι o Historiae, literalmente «investigaciones, exploraciones», de ἵστωρ, «saber, conocer», escrita hacia el año 444 adC en Panhellen, colonia turia que ayudo a fundar. Historiae o Los nueve libros de historia es considerada una fuente importantísima por los historiadores debido a su gran veracidad, por ser la primera descripción del mundo antiguo a gran escala y ser a su vez la primera en prosa griega. El primer párrafo anuncia:

Ἡροδότου Ἁλικαρνησσέος ἱστορίης ἀπόδεξις ἥδε, ὡς μήτε τὰ γενόμενα ἐξ ἀνθρώπων τῷ χρόνῳ ἐξίτηλα γένηται, μήτε ἔργα μεγάλα τε καὶ θωμαστά, τὰ μὲν Ἕλλησι τὰ δὲ βαρϐάροισι ἀποδεχθέντα, ἀκλεᾶ γένηται, τά τε ἄλλα καὶ δι' ἣν αἰτίην ἐπολέμησαν ἀλλήλοισι.

Heródoto de Halicarnaso presenta aquí las resultas de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los Griegos, ya por los Bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que puso a estos dos pueblos en la lid.

El conjunto está dividido en nueve libros, al parecer la obra de un editor alejandrino del siglo III o el siglo II adC, y están dedicados a las nueve musas (Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope). En ellos se narra con objetividad y precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia a principios del siglo V adC, haciendo especial énfasis en aspectos curiosos de los pueblos y los hombres tanto de los griegos como de los bárbaros, al tiempo que describe la historia, etnografía y geografía de su tiempo.

Para sus obras históricas recurrió a fuentes orales y escritas. Cuando menciona las primeras, las más de las veces alude a sus informadores indeterminadamente ("según los persas...", "a decir de los griegos..."; "unos dicen... otros, en cambio, sostienen..."). Del carácter parcial y poco fiable de sus fuentes era consciente el propio autor, que escribió:

- Si yo me veo en el deber de referir lo que se cuenta, no me veo obligado a creérmelo todo a rajatabla; y que esta afirmación se aplique a la totalidad de mi obra (VII, 151, 3).

Entre las segundas pueden hacerse tres grandes grupos: los datos obtenidos de los poetas, que conocia bien; las inscripciones, listas oficiales y administrativas de los distintos estados y oráculos y, finalmente, las informaciones que provenían de los logógrafos y la literatura de su época.

Entre los poetas cita a Homero, Museo, Bacis, Olén, Aristeas, Arquíloco, Esopo, Solón, Alceo, Safo, Laso, Simónides, Frínico, Esquilo, Píndaro y Anacreonte. Pese a esta inspiración poética de Heródoto, que le venia acaso de su tío Paniasis y le hizo asumir la idea de un hombre impotente ante la divinidad que castiga sus faltas y su orgullo o hybris, se muestra algunas veces crítico con los datos transmitidos a través de estas fuentes.

En cuanto al segundo tipo de fuentes, realiza algunas interpretaciones ingenuas de textos escritos en lenguas que no conoce, como por ejemplo en el caso de los jeroglíficos. Lo mismo ocurre con las listas en otras lenguas, en que se encuentra a merced del testimonio no siempre fiable de los intérpretes o los personajes consultados al respecto. Por otra parte los oráculos, con frecuencia comentados post eventum, ofrecen problemas de datación importantes.

El tercer tipo de fuentes está representado por el milesio Hecateo, por otros logógrafos y, en general, por la literatura de su época, sobre todo los filósofos presocráticos, algunas de cuyas ideas son citadas en sus obras directa o indirectamente. Como Hecateo, se muestra crítico, racionalizador o escéptico con las tradiciones míticas. En general, se inclina por obras de la literatura jonia.

Su metodología histórica se vale ampliamente del cálculo de lo verosímil apelando al sentido común, fundamentalmente en el análisis de tradiciones legendarias o controvertidas. Además utiliza la interpretatio graeca, helenizando costumbres y culturas extrañas de pueblos que no conoce desde dentro, y marra al razonar usando falacias del tipo post hoc ergo propter hoc, concluyendo de evidencias inadecuadas o insuficientes relaciones causales: por ejemplo, de la escasez de leones comparados con otros animales infiere que las leonas paren un solo cachorro y una sola vez en su vida. Es patente, además, su enorme ignorancia en cuestiones en cuanto a las más elementales nociones de táctica y estrategia militar. Este poco rigor analítico indica que estamos, sin duda, en los albores del género histórico, pese a lo cual nadie ha dudado en llamar con todo merecimiento a Heródoto "Padre de la Historia". Su sucesor, Tucídides, sustituiría la facticidad por causalidad y el examen riguroso de las fuentes frente al mero acopio indiscriminado de todo tipo de tradiciones, así como el tratamiento anecdótico y cuasinovelesco del pasado por el análisis metódico del presente verificable.

Desde el punto de vista geográfico, Herodoto dejó constancia de una ecúmene que se extendía desde Sudán a la Europa central y desde la India, en su límite oriental, hasta la Iberia en el occidental. Durante el siglo VI adC el control que los cartagineses tenían de sus rutas comerciales por el Mar Mediterráneo occidental y el estrecho de Gibraltar le impidió conocer fielmente esta parte del mundo y las costas atlánticas de Europa de primera mano, por lo que muchas de sus observaciones proceden de otras fuentes.

Como la Historia es la primera obra griega en prosa que se ha conservado, no es de extrañar que las principales características de su estilo sean la simplicidad y el arcaísmo. Ya Aristóteles definía su manera de escribir como "estilo paratáctico" (λέξις εἰρομένη). Heródoto es muy concreto escribiendo y rehúye las abstracciones; se fija en los datos primarios elementalmente perceptibles. De ahí su lenguaje claro y sencillo que fue motivo de admiración en la Antigüedad. Sin embargo, su estilo supone un grado más alto de elaboración que el de Hecateo, porque frente a las estructuras acumulativas y coordinantes de este último en Heródoto no faltan los párrafos concéntricos que engloban la frase principal, sobre todo en los discursos que aparecen en los tres últimos libros que, si bien no perfilan la psicología subyacente de quien los pronuncia, sí por el contrario asumen la tensión histórica del momento y están elaborados de acuerdo con las normas retóricas de la época.

Por otra parte, el influjo de la epopeya y los géneros narrativos en el estilo es notable. El autor del tratado Sobre lo sublime le llama ὁμηρικώτατος, "gran imitador de Homero" (13, 3). Hay reminiscencias épicas en la fraseología, en la repetición casi literal de enunciados, en el empleo de patronímicos, en el uso de convenciones literarias y tópicos, en semejanzas conceptuales como la sustitución de la intensidad por la repetición, en el uso de estructuras como la composición anular inclusiva, aunque la más usada por él es la anafófica, etcétera.

En cuanto a la lengua, Heródoto compuso su obra en dialecto jonio reciente, que incluía algunos aticismos.


Obras

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Español
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Enlaces Externos


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